jueves, 28 de febrero de 2019

REFLEXIONES AL HILO DE LA A5VÍAURBANA

El mantenimiento de las zonas de confort y la incertidumbre que generan los cambios empujan a las personas a defender posturas alejadas del sentido común y de la razón. 
Las grandes urbes se planificaron priorizando al coche como eje central del diseño y ahora necesitan ajustar su urbanismo restringiendo su uso para paliar un grave problema de salud pública. Un nuevo modelo urbano donde España parte con retraso y Madrid, su laboratorio principal, vuelve a ser una vez más el “rompeolas de todas las Españas” del poeta Antonio Machado.

Existe un grave y poco difundido problema de Salud Pública producto de la contaminación provocada mayoritariamente por el uso y abuso del coche. Por ello los expertos reclaman cambios en la movilidad urbana e interurbana que afectan tanto a los medios de transporte como a los hábitos de la población. Entre sus propuestas se encuentran medidas para reducir espacio al coche y ralentizar su velocidad de circulación mientras se fomenta el transporte público. Dichas medidas atienden a unas necesidades poco asumidas por la población. Nos encontramos ante cambios forzados de conductas adquiridas en el tiempo. Variar las costumbres de las personas sin que estas perciban los beneficios a corto plazo provoca reacciones de desconfianza y que de forma pasajera se ofusquen con argumentos agresivos y poco elaborados.

¡A mí me van a decir cuando debo usar el coche…! “Tardo mas en trasporte público que en coche… Circulando más despacio contamino más... Los radares son recaudatorios… Gasto menos al mes en combustible para el coche que en un Abono trsasportes... Hay que mantener la industria del automóvil que genera muchos empleos… Con semáforos el ruido es más elevado que en un tramo sin semáforos…”


Estos razonamientos se esgrimen por parte de quienes a diario utilizan el coche en sus desplazamientos y se oponen a que se limite su uso urbano porque creen que atenta contra sus libertades. Con independencia del grado de verosimilitud de estas afirmaciones, teniendo en cuenta que los frecuentes colapsos en las urgencias sanitarias por la contaminación y que un mayoritario 70% de los habitantes del Área Metropolitana de Madrid utiliza a diario el transporte público, suenan un poco a chascarrillos costumbristas y excusas pobres como no separar la basura porque luego la queman junta o como aquella broma de tirar basura al suelo para dar trabajo a los barrenderos.


Pero la contaminación no es ninguna broma con los altos índices de contaminación existentes en la totalidad del Área Metropolitana de Madrid. Su impacto negativo en la salud es lento pero seguro desde el vientre materno. Además de estar detrás de numerosas muertes, los daños producidos por la suciedad del aire y el ruido afectan especialmente a la salud de colectivos vulnerables como la población infantil o las personas mayores incidiendo además en el incremento del gasto sanitario y de las desigualdades producidas por la situación socioeconómica ya existente entre municipios del norte y del sur… 



¿Se solucionan los daños de la contaminación aumentando las infraestructuras para el coche?

¿Es la contaminación producida por los coches una causa prevenible? ¿Qué se puede hacer?

Atendiendo a la legislación y localizados los mayores focos contaminantes en el tráfico rodado, el derecho de circulación que recoge la libertad de movilidad por el territorio no tiene carácter absoluto pues las administraciones  pueden limitarla en el marco de sus competencias por razones públicas de orden, seguridad y salud.

Las limitaciones tanto a la circulación como a la velocidad de circulación para los coches, ya sean fijas o temporales, atienden principalmente a parámetros de seguridad vial en función del tipo de vía en general o de las características de un tramo en particular pero debido al problema de salud pública de la contaminación en las últimas décadas numerosas ciudades están tomando medidas que restringen o prohíben el uso del coche al tiempo que invierten en ampliar la capacidad del transporte público.




Por un lado, las limitaciones de velocidad no impiden el uso responsable y eficiente del coche empezando por el número de viajeros por vehículo y finalizando por la aplicación de técnicas de conducción que reducen tanto la contaminación acústica y del aire como los consumos de combustibles y, por otro lado, recordar que dichas limitaciones están encaminadas a disuadir del uso del coche en tanto en cuanto esto supone una reducción necesaria y obligatoria de focos de contaminación en las ciudades. 



En este sentido conviene reflexionar sobre la delgada línea roja entre un hábito y una necesidad o entre un derecho o un privilegio, sobre todo cuando nuestras actitudes y hábitos estén perjudicando o puedan perjudicar a terceros. ¿Dónde finalizan las libertades individuales y se inician las colectivas? Si conectamos una manguera al tubo de escape, la introducimos dentro del coche y arrancamos el motor con las ventanillas cerradas se considera un suicidio. Sin embargo, si esos mismos gases los emitimos mientras circulamos en nuestro coche al aire que necesariamente respiramos los habitantes de una ciudad, estamos ejerciendo nuestra libertad. 
 


Madrid es la única capital europea en la que sus principales vías de acceso se prolongan prácticamente hasta el centro y se congestionan a diario con una sucesión de atascos a medida que se acercan al anillo central por el efecto embudo. Ampliar o duplicar dichas vías no ha sido la solución puesto que por falta de espacio en la trama urbana siempre se producirá un embudo con los consiguientes costes medioambientales, económicos y de salud. Un uso más racional del espacio público y de los modos de transporte permite mejoras en la salud y bienestar sin limitar el número de desplazamientos. Dentro de las políticas de movilidad sostenible los cálculos de los proyectos deben realizarse en función de la capacidad de desplazar personas y no del número de coches que circulan por una vía.

Un ejercicio breve de empatía con quienes conviven con esta imagen debería ser suficiente para comprender la necesidad de que cada uno ponga de su parte para reducir un problema que es de todos los habitantes del Área Metropolitana de Madrid. Si la comodidad y el estatus del coche te vencen piensa que si ves la “boina” … es que tú también estas dentro de ella. La anomalía urbana del Paseo de Extremadura/A5, inaugurada por Franco hace 50 años, debe eliminarse y recuperar el paseo de Extremadura como una calle más de Madrid pues mientras los términos municipales se mantienen en el tiempo sus tramas urbanas se van modificando expandiéndose en función del crecimiento de su población.

De los datos aportados por el Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid se desprende que el 30% de la población que usa a diario el coche es la mayor causante de los problemas de contaminación y movilidad. Menos coches y circulando a menor velocidad es la solución más eficaz y sostenible lo que propicia opiniones diversas sobre las actuaciones a realizar, desde el negacionismo de dicho problema hasta las fantasiosas promesas de nuevas infraestructuras para el coche.


La transformación del tramo urbano de la A-5, a su paso por el distrito Latina no iba a ser menos pues es un tema donde no todo el mundo parte de la misma información ni tiene la misma sensibilidad ante los problemas que genera una Autovía en una zona residencial densamente poblada. No es lo mismo ser un usuario habitual desde la comodidad de nuestro coche que sufrirla a diario en tu propia vivienda.

Mientras los términos municipales se mantienen en el tiempo sus tramas urbanas se van modificando expandiéndose en función del crecimiento de su población.



Pasados 50 años, quizás estemos tan acostumbrados a ella que tanto usuarios como sufridores ante su transformación sientan vértigo cual Síndrome de Estocolmo y olviden los daños y el agravio que supone para los habitantes del distrito Latina esta excepcionalidad negativa.


Mirando el resto de los accesos a Madrid o de cualquier capital europea vemos que esta anomalía urbana permite llegar con ocho carriles y sin apenas regulación semafórica hasta el Palacio Real o la mismísima Gran Vía. ¿Se imaginan algo parecido en los Campos Elíseos o Trafalgar Square? ¿Una autovía a un kilómetro de la Puerta de Brandemburgo o del Coliseo Romano? El tramo urbano de la A5 supera varios registros de impacto urbano negativo, pero esto no impide que por interés o ignorancia se viertan opiniones sobre su transformación que no se ajustan a la realidad. Ver el enlace:
https://campamentosi.blogspot.com/2018/12/10-falsedades-sobre-la-a5viaurbana-en.html
 

Cuando en un grupo o colectivo existen problemas que aun siendo de carácter general afecta más a unos que a otros, es importante ponerse en el lugar de los más perjudicados para gestionar mejor las posibles soluciones. Es curioso como en nuestras sociedades de ciudadanos/consumidores globalizados de manera puntual podemos sentir empatía con personas de países lejanos y no seamos capaces de sentirla a diario con personas de nuestro entorno cercano. ¿Y si tuviéramos que vivir junto a la A5?, ¿qué incidencia tendría para la salud de nuestra familia? ¿Cómo afectaría a nuestra seguridad? ¿Nos gustaría que una autovía de 8 carriles sin semáforos y sin pasos de cebra dividiera nuestro barrio o municipio?

Al circular por el obsoleto y peligroso tramo urbano de la A5 a escasos metros de viviendas se puede pensar en las personas que durante décadas tienen cercenado su derecho a la salud y bienestar al residir sobre una anomalía urbana. Por un momento pensemos en quienes a diario viven rodeados de ruido y humos frente a una insegura carretera y deben transitar por angostos subterráneos para ir al trabajo, al colegio o al médico. ¿Somos conscientes de los perjuicios ocasionados a su Calidad de vida?


Pasados más de dos años desde el acuerdo del Ayuntamiento de Madrid para transformar el tramo urbano de la A5, no se acometieron acciones en los municipios vecinos para paliar sus efectos. Ahora, no deja de ser comprensible acordarse de Santa Barbará cuando truena.
 

Es humano resistirnos a los cambios cuando estos suponen modificar hábitos adquiridos socioculturalmente durante décadas. Pero si reflexionamos un poco… acostarse antes y madrugar más, alternar el transporte público con la bici o andar, aprovechar los desplazamientos para leer o estudiar y fumar menos, además de contribuir a mejorar nuestro entorno y calidad de vida, son hábitos tan saludables como lo pueda ser seguir una dieta equilibrada, practicar running o acudir regularmente al gimnasio.

Es de justicia trasladar las quejas a quienes tuvieron y actualmente tienen competencias en el Corredor de la A5 y sus municipios. Los habitantes de la A5/Paseo de Extremadura no son culpables y si históricos afectados. Tampoco es justo responsabilizar al actual Ayuntamiento de Madrid de las décadas de carencia en políticas de movilidad en el Suroeste madrileño. ¿Dónde está el Bus Vao prometido desde Fomento? Y el Consorcio de Trasportes de la Comunidad de Madrid… ¿Cuándo va a revertir los recortes en Metro y Cercanías? ¿Qué se ha realizado los últimos años para mejorar la gestión y mantenimiento del transporte público? En cualquier caso es bastante comprensible el enfado de los usuarios del tramo urbano de la A5 por los trastornos que su transformación en vía urbana les pueda ocasionar. 

Son personas con hábitos y necesidades de movilidad reforzadas desde algunos medios por su condición de caladero de votos en procesos electorales. Y esto es lo no resulta comprensible. Que parte de los representantes sociopoliticos se posicionen en contra del necesario cambio de modelo desde una movilidad más sostenible en toda su Área Metropolitana. “Es una locura” subrayan al referirse a unos semaforos . “Será un perjuicio para todos” sostienen públicamente mientras predicen cataclismos apocalípticos.

 

 



Tras Gran Vía y Madrid Central ahora toca los semáforos de la A5. Es lamentable que la Salud Pública de los habitantes del Área Metropolitana de Madrid sea moneda de cambio electoral. Para ello repiten sin pudor el argumentario de Foro Coches buscando réditos electorales en un alarde de irresponsabilidad y populismo.


1. Irresponsables por minimizar el problema de la contaminacióny, sin atender a las normativas europeas, realizar propuestas inviables en gastos de ejecución y mantenimiento y escasamente sostenibles por su impacto medioambiental negativo.



2. Populistas por decirle a la gente lo que esta quiere escuchar a sabiendas de ofrecer soluciones cortoplacistas que no atienden al interés general y sí a intereses economicos de elitistas grupos del poder.

De nuevo impulsan de manera ventajista agoreros debates sociales que dentro de unos años se habrán diluido como ya sucedió recientemente con la Ley Antitabaco.

Si el transporte público es lento y caro, si el 70% de la contaminación la producen los coches, si los principales accesos y vías de circunvalación se atascan a diario, si la contaminación causa tres veces más muertes que los accidentes de tráfico, si el ruido del tráfico rodado origina enfermedades, si más del 75% del espacio público está destinado al coche… ¿No estaremos haciendo algo mal? ¿Qué se hecho o que van a hacer desde las distintas administraciones y distintos municipios para garantizar el trasvase del vehículo privado al trasporte público? A estas cuestiones es donde deberían emplear sus energías estos políticos alarmistas en vez de enfrentar a las personas y a los municipios cuestionando medidas implantadas con éxito en más de 250 ciudades. 


Un artículo de nuestro compañero Antonio Rey.

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